Supersticiones, Supercherías y más Supers... Rarezas de los creyentes IV La plata



A simple vista, uno de los metales más hermosos que existen en el planeta. Su nombre al parecer proviene del Latin Platus, o plano, y su símbolo del latín argentum. Conocido como el metal de la luna, a causa de su color; de acuerdo a muchos alquimistas, un posible escenario de su trabajo era el hacer la piedra blanca, que convertiría todas las cosas en plata y la cual se conecta con la piedra blanca mencionada en revelaciones 2. 17, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”
En Grecia y Roma hay muchas referencias al metal. El arco de Apolo era de plata, así como las puertas de su palacio en el Monte Olimpo. Ulises utilizo una cuerda de plata para atar la bolsa de cuero que le otorgó el Dios Eolo. Artemisa Usaba flechas de plata. 

En México, rico en plata, el metal posee la virtud de ser un metal asociado con la pureza y la valentía, prueba de ello, es que aquí se dio el nacimiento de uno de los héroes tempranos de la gran pantalla: Santo el enmascarado de plata. Constantemente recibo algunas burlas por mi gusto churrigueresco de las películas del luchador, por sus simples efectos, la tecnología y los monstruos a los que se enfrentaba, pero, ni modo, a veces soy ese ser que encuentra algo de bello donde nadie más.



En la cultura occidental, bajo la luz del cristianismo, hay una tradición muy extendida en la creencia de que una bala de plata es necesaria para matar a una hechicera, una bruja, un espíritu maligno, hombre lobo o al parecer cualquier especie de fauna fantástica que habita en la espesa y oscura selva que es la mente de cualquier creyente. (Y ¡Rayos, ahora que lo pienso, quizá ese era el poder del santo!) 
La plata comparte el privilegio de ser, junto al hierro, la sal y el agua común (que con un simple y mágico pase de manos se convierte según ciertas creencias, en agua bendita) de ser la kryptonita de los seres malvados.
Me viene a la mente aquella película de Stephen King de los años ochenta, llamada precisamente Bala de plata, en la que la bestia queda tuerta por un niño en silla de ruedas que le lanza un petardo en uno de sus ojos. El lobo - al parecer mera coincidencia- resulta ser el reverendo. El chico y su tío intentan darle muerte, apoyados en estas creencias folclóricas, con una bala de plata. Si es un churro pero en mi niñez me entretuvo bastante.


Lo único cierto del asunto, es que con una bala de plata, se puede morir cualquiera,
independientemente de la cantidad de pelo que se tenga en el cuerpo o qué tan grandes sean sus colmillos...
Aaauuuuu!!!!



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