Gilles de Rais: Precursor del asesino serial sádico-sexual.




La vida de Gilles de Rais, culminando en su juicio y ejecución, presenta un increíble estudio de doble personalidad. Para el mundo exterior era un hombre culto y artístico. Interesado en el drama y la música, y hábil para vestir manuscritos. Aunque vivió como un emperador rodeado por magníficos lujos, fue un soldado valiente; pero una de sus peores debilidades era el orgullo, poseía un temperamento violento y una extravagancia desbordante.
Sin embargo, en el juicio en 1440, el lado 'horrible' de la personalidad de De Rais sale a la luz. parece que sus actos de piedad pública y deliberados actos de caridad, fueron llevados con gran celo para salvarse de la perdición, mientras en privado, practicaba ritos bastante sangrientos.
Los cargos de la corte eclesiástica e inquisidora incluían: herejía, apostasía, conjuración de demonios, sodomía, sacrilegio y lectura de obras prohibidas de magia. La corte civil impuso cargos por cerca de 140 asesinatos de niños. Evidencia para soportar dichos cargos debió ser algo de lo más obsceno y cruel de lo que se tenga registro. Mostraba monstruosas perversiones sexuales en niños muertos o vivos, llevados a él especialmente por sus rasgos de belleza. Se dijo que De Rais los había besado voluptuosamente y se había regodeado sobres sus tiernos cuerpos, que después fueron quemados o arrojados en fosas.
No es de sorprender que la leyenda mucho más antigua del Bretón barba azul se haya entretejido en muchas mentes con los actos de Gilles de Rais. aunque al parecer haya poco fundamento para asumir que él fuera el arquetipo de ese personaje.

Nacido en 1404 como Gilles de Laval, El Barón de Rais (se pronuncia Retz) fue un gran heredero de riquezas y propiedades en Bretaña. Durante su niñez solitaria fue criado como un príncipe. Creció salvaje y voluntarioso, leyendo en mayor parte las depravaciones de los Césares en su vasta biblioteca de manuscritos en latín. Desacostumbrado a la compañía femenina, sus apetitos sensuales encontraban salida en el placer homosexual. Su riqueza se incrementó por un temprano matrimonio con la gran heredera Catherine de Thouars. Esta unión no fue feliz, pero lo convirtió en uno de los grandes nobles en Europa. Cuando tenía tan solo 16, su destreza y coraje durante una campaña le ganó el interés particular de su señor, el duque de Bretaña. Seis años después, De Rais entra al servicio de Carlos VII, manteniendo una gran tropa a su cargo. Peleó ferozmente contra los ingleses y le fue confiado cuidar de Juana de Arco, peleando a su lado a las afueras de París.

                         Joanne of Arc at the coronation of Charles VII, by Dominique Ingres.


Durante la coronación de Carlos en Reims en 1429, Gilles de Rais, a la edad de 25 años, fue nombrado Mariscal de Francia, un título jamás dado a alguien tan joven. Años después, en 1432, abruptamente se retiró de la vida pública y activa, y dio comienzo a su espeluznante carrera.
De Rais se rodeó entonces de parásitos como Roger de Briqueville y Gilles de Sillé, quienes se volvieron sus confidentes más íntimos. Valiéndose de su generosa hospitalidad, estos parásitos manejaron de manera inexperta sus oscuros negocios. Por dónde se paseara, el Barón provocaba envidia y excitación. Pronto, horribles rumores empezaron a correr por sus propiedades de Machecoul, Malemort, La Suze, Champtocé y Tiffauges: Se decía que dos mujeres al servicio del Barón, Etienette Blanchu y la Meffraye, atraían a niños de rasgos hermosos a sus castillos y jamás se les volvía a ver. Como de Rais era virtualmente omnipotente en sus propios dominios, era imposible levantar cualquier tipo de queja contra él.
Al poco tiempo, sus gastos excesivos lo obligaron a vender parte de sus tierras. En 1436 sus alarmados familiares consiguieron del Rey una orden para evitar que siguiera malgastando sus propiedades. El decreto era aplicable en cualquier lugar excepto en Bretaña, donde el Duque Jean y su consejero, Malestroit, obispo de Nantes, estaban ocupados comprando las tierras del Mariscal, las cuales tenían un periodo redimible de seis años.
Para obtener la riqueza que necesitaba para sus 'proyectos', y también por que la alquimia -uno de esos proyectos- era su más serio interés, De Rais buscaba la piedra filosofal, que transmutaría metales base en oro; para este fin, prodigó dinero en adelanto a todos aquellos que lo ayudaran.
Un sacerdote florentino llamado Francesco Prelati, se unió a los demás magos. De Rais evidentemente creía y simpatizaba con este completo charlatán sin escrúpulos. Prelati afirmaba poder invocar, a solas, un demonio llamado Baron, quién le otorgaría oro si los sacrificios correctos le eran ofrecidos. Terribles e innumerables ceremonias tuvieron lugar. En una ocasión, De Rais colocó el corazón, ojos, manos y sangre de un niño en un contenedor de cristal para que Prelati lo ofreciera.
El rito fue un fracaso: El demonio Baron rechazó la ofrenda (al parecer a los demonios al igual que al Dios al que se oponen, poco parecen importarles los quehaceres humanos). El cuerpo fue quemado y enterrado después en tierra consagrada. Aunque el Mariscal adquirió la reputación de utilizar incontables cuerpos de niños para convocar a demonios, este fue el único caso que en realidad se citó en el Juicio.
Ambos, el duque y el obispo estaban ansiosos en deshacerse de De Rais por la cláusula de redención, y para ganar también aún más de sus propiedades y riquezas. Pero era muy difícil deshacerse de un hombre como el respetable Mariscal por su elevada posición.
Sin embargo, el temperamento ingobernable de De Rais jugó a su favor y sus deseos. Uno de sus castillos, el de Saint Etienne Malemort, fue comprado en Julio de 1440 por Geoffroi Le Ferron, el tesorero del duque. Su hermano, un sacerdote llamado Jean Le Ferron pasó a recoger los títulos de propiedad. Entonces surgió una disputa. Le Ferron fue perseguido dentro y desde una iglesia para después ser golpeado y puesto en prisión por De Rais.
Todos los rumores que corrían sobre desaparición de niños y el comportamiento sin control del Mariscal en los alrededores de sus castillos, no bastaron para levantar una sola sospecha en la Iglesia y en el poder. Pero este pequeño acto iba a desatar lo que todos aquellos rumores no pudieron.
Al llevarlo a cabo, El Baron cometió sacrilegio y violó la inmunidad clerical, algo que la iglesia no iba a tolerar, y todos sabemos quien mandaba entonces en verdad.

Hacia finales de Julio, Malestroit comenzó a reunir evidencia en contra de De Rais, concerniente a la desaparición de niños y cuestiones de naturaleza herética. El caso de Jean Le Ferron les dio la oportunidad de llevar al Mariscal a Juicio y el Inquisidor, Jean Blouyn, presentó cargos por herejía.
Al mismo tiempo, el Duque Jean arregló un juicio civil en la orden ducal bajo el juez preceptor Pierre de l'Hôpital, presidente del parlamento Bretón, para escuchar evidencia acerca de la desaparición de los niños.
Si De Rais fuera declarado hereje, entonces el Duque, el obispo y el inquisidor ganarían, pues el Barón perdería todas sus propiedades legalmente. Quince días antes del inicio del juicio el Duque vendió su parte de las propiedades anticipadamente, lo que sugería que Gilles De Rais no sería puesto en libertad. Corrieron rumores. De Briqueville y de Sillé huyeron.
El 19 de Septiembre Gilles De Rais fue convocado a la corte. Sus sirvientes y agentes, incluyendo Prelati fueron arrestados y llevados a Nantes. Los restos de un cuerpo fueron descubiertos en Machecoul. Los procedimientos preliminares suscitaron pocas protestas públicas. Pero para las audiencias del 8 de octubre multitudes de padres afligidos clamaban justicia; La opinión popular había sido hábilmente manipulada.



Los juicios civiles y eclesiásticos ocurrieron simultáneamente. Después de torturar a los cómplices del Barón -incluyendo las dos mujeres que procuraban las víctimas- dieron evidencia en su contra y en detalles minuciosos, Prelati describió los intentos de necromancia. Los asistentes personales de De Rais, conocidos como Henriet y Poitou, también dieron evidencia ante la corte.
El 21 de octubre De Rais fue torturado hasta prometer confesar ' libre y voluntariamente' -como cualquier torturado lo hace-, ante Pierre de l'Hôpital y los obispos. Admitió todos los cargos.
Prelati fue llamado; Cada uno confirmó el testimonio del otro y los dos hombres partieron con lágrimas en los ojos. El 22 de octubre el orgulloso Barón pidió se le dejara confesar públicamente, añadiendo más detalles, apilando horror tras horror, como si creyera que este acto de abyecta humillación le ayudaría a obtener el perdón de Dios. Luego rogó el perdón de los afligidos padres e instó a los presentes a amar y honrar a Dios y la iglesia. El obispo le abrazó y rezó para que pudiera purgar sus pecados y ser redimido.

El 25 de octubre De Rais fue llevado a que se le dictara sentencia ante la corte eclesiástica. No se le dictó sentencia alguna pero fue ex-comunicado por herejía (al parecer la peor de las condenas que la santa madre iglesia -esto con sarcasmo- dictaba por aquellos días). Lo que le entristeció profundamente. La corte civil condenó a Henriet y Poitou a ser colgados y ahorcados. A cambio de no haberse retractado de su confesión, a Gilles De Rais se le concedió la inusual 'piedad' del completo estrangulamiento antes de ser quemado. El 26 de octubre en Nantes, después de orar y hacer penitencia, el Mariscal y sus dos ayudantes fueron llevados a su ejecución seguidos por una procesión del clero y el pueblo que cantaba y oraba por la salvación de Gilles De Rais.

Sin duda alguna, Gilles De Rais pudo ser culpable de alguno de los crímenes. Sin embargo, las innumerables irregularidades que rodearon el juicio sugieren en el mejor de los casos un misterio, en el peor, una conspiración. Mucha de la evidencia solo era de 'oídas'. Solo dos de sus cómplices fueron ejecutados; otros implicados, cuyos testimonios en contra de De Rais contenían confesiones condenatorias de su propia terrible culpabilidad, fueron puestos en libertad.
A pesar de sus actos de necromancia, que era visto como una ofensa muy grave por la iglesia, incluso Prelati escapó sin castigo alguno. La sombra de la conspiración en su contra por parte de sus rivales para apoderarse de sus tierras parece muy clara. En realidad, jamás se encontró restos de víctimas en ninguna de sus propiedades.

El día de hoy. no nos cabe duda de que la iglesia debió ser completamente aterradora para sus enemigos, los enemigos de Dios.

Pero a decir verdad, alguien tan macabro como Gilles De Rais nos parece un pequeño y miserable monstruo cuando lo vemos a la sombra de la madre de la corrupción y los horrores humanos: La 'santa' iglesia Católica Romana.









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