Cosas extrañas que cree la gente: El comedor de pecados



La religión es una maldita farsa. Mi mente es incapaz de concebir una cosa tan absurda como la existencia del alma. No lo puedo creer simplemente.
                                                         Tomas Alva Edison.


La función de la persona conocida como 'comedor de pecados' era el de actuar como un chivo expiatorio humano por los pecados de otra persona que acababa de morir. Ya fuera comiendo pan y bebiendo leche, cerveza o vino que había sido colocado sobre el cuerpo, el comedor de pecados tomaba para sí mismo los pecados del fallecido. absorbiéndolos en su cuerpo. Le era pagada una pequeña cantidad de dinero por salvar un alma del infierno de esta manera.

Los comedores de pecados fueron registrados por primera vez por el anticuario John Aubrey en el siglo XVII en su libro residuos de gentilismo y judaísmo: 'en el condado de Hereford era una vieja costumbre en los funerales contratar gente entre los pobres quienes debían tomar para sí los pecados de quien acababa de fallecer... La manera en la que funcionaba era que, cuando sacaban el cuerpo de la casa y se le colocaba en la carroza, era traído un pedazo de pan y se le entregaba al comedor de pecados sobre el cuerpo, así como un tarro  lleno de cerveza (el cual se bebía), y seis peniques en consideración por aquello que tomó para él o ella (ipso facto), en este caso todos los pecados del difunto, liberándolo de caminar o vagar después de muerto.' En el norte de Gales -según Aubrey- era utilizada Leche en lugar de miel.

Un escritor posterior a Aubrey, Bagford, refiriéndose a información obtenida de Aubrey, describe los comedores de pecados de Shropshire: "En la memoria de nuestros padres... cuando una persona moría se daba la noticia a un anciano o sire (pues así les llamaban), quien personalmente llegaba a donde estaba tendido el difunto y se quedaba detrás de la puerta, cuando un familiar salía y le colocaba un taburete... Luego se le daba un penique el cual metía a su bolsillo; una rebanada de pan, la cual comía, y un tarro lleno de cerveza que se bebía de un solo trago... (después de lo cual) pronunciaba la calma y el descanso del alma que partía, de la cual el pagó con su propia alma.'

A finales del siglo XVII, seis peniques o cuatro peniques tenían un valor muy considerable con respecto al día de hoy, pero aún viéndolo de esa manera, parece un costo ridículo por la salvación de un alma humana.
¿Será que simplemente estas personas fueron lo suficientemente inteligentes para darse cuenta que no existían tales cosas como el alma, el pecado y el infierno? De ser así, encontraron la forma de vivir de forma holgada el resto de sus vidas a costa de la debilidad de mente de estos creyentes ilusos.

El concepto de Chivo expiatorio, que toma para sí mismo los pecados de las personas, esta basado en la idea estúpida y primitiva de que las cualidades de un ser humano o animal, así sean malas o buenas, pueden ser transmitidas a otro por medio de un agente sobrenatural o un simple pase de magia. Algunas personas primitivas incluso comían las carne del muerto para así obtener su fuerza o sus cualidades. En la antigua Europa, la sangre humana, que era identificada con el alma o el espíritu, era bebida frecuentemente para que el vivo tomara así de la vida y fortaleza del muerto.
El geógrafo Griego Strabo, escribe que en las islas británicas era costumbre que los hijos comieran la carne de sus padres para evitar que estos regresaran y los persiguieran. Es probable que el pan que consume el comedor de pecados represente el cuerpo del fallecido y que la leche, cerveza o vino represente su sangre, en una continuación de la idea de la eucaristía, ya que los cristianos creían que Jesús había hecho eso para expurgar de los pecados a la humanidad,  tomando el pan y el vino, como los símbolos que todos conocemos y representar así la ceremonia caníbal más popular de la humanidad.

Los ritos desarrollados por seres humanos con el propósito de mantener el alma descansando parecen estar basadas originalmente en el principio de que, al menos que las obligaciones y deudas con los muertos sean cumplidas, el alma esta obligada a sufrir. Por esta razón, era imperativo remover la carga del pecado de la persona que moría.

Se practicó durante mucho tiempo, quizá aún se hace en la actualidad; mientras la doctrina del fuego infernal sea predicada, y las personas la crean, al comedor de pecados jamás se le terminará el trabajo. En suspiros del infierno o Quejidos de un alma condenada publicado en 1658, John Bunyan compara las agonías del moribundo con aquellas de los muertos que no han sido salvadas que son trasladadas de las molestias de 'un largo malestar hacia un infierno más grande', de los estertores de la muerte a los interminables tormentos del infierno'.

Referencias posteriores a comedores de pecados son escasas y probablemente sobrevivieron en lugares remotos en las islas británicas hasta bien entrado el siglo XVIII.
Fueron vistos ocasionalmente en las tierras bajas de Escocia. En esta área, era esencial que el comedor de pecados fuera un extraño para la persona fallecida, y que este no consumiera la comida y la bebida con 'rencor en su corazón'. Hay una razón para creer que los vestigios de las costumbres continúan influenciando los ritos funerarios en las fronteras de Gales por un periodo considerable; Por ejemplo, a un hombre pobre se le podía dar un regalo de dinero en el cementerio. En Derbyshire en el siglo XIX, un vaso de vino sobre una caja a los pies del ataúd le era ofrecido a los dolientes, la intención detrás de la ceremonia representaba el asesinato sacramental de los pecados de los muertos.

Parece ser que al este de Anglia, una región al este de Inglaterra, se acostumbraba que, si un inesperado vagabundo osara detenerse por un poco de caridad a las puertas de un hogar donde estuviera un cuerpo esperando ser sepultado, podía ser engañado en tomar para sí los pecados del difunto. Un pedazo de pan que fue pasado previamente por encima del cuerpo se le daba al vago quien lo comería de buena fe, inconsciente del significado del inocente acto.

La última reliquia de esta antigua y estúpida superstición es probablemente, la renuencia de vagabundos de mendigar cuando hay un muerto en la casa.

La reflexión de mi parte ante tan ridícula creencia, es que en mi escaso entendimiento, independientemente de las nociones que tenemos de cuestiones como 'pecado', 'alma', 'infierno' y demás términos para designar cosas imaginarias, estos conceptos religiosos cristianos no sobreviven el menor de los escrutinios. Jugando bajo sus propias reglas, y más allá de las implicaciones psicológicas que encierra en la mente de los humanos ideas como el sacrificio, el consumo de carne humana y el temor a la muerte, y a final de cuentas limitando todo el asunto en una forma grosera al simple hecho de que, todo el asunto del pecado emana de su creencia en una deidad omnisciente y todo poderosa que permite semejantes absurdos, y a la que al parecer, no se le tiene en el fondo, el mínimo respeto, pues uno de sus atributos es el que conoce todo de antemano, se le pueda engañar con un simple truco de transferir algo tan sensible e importante como son los pecados y la consecuencia de estos para el alma inmortal del ser humano a un incauto u oportunista -según sea el caso- con una migaja de pan y un buen tarro de cerveza.

Tremendo Dios, capaz de idear un sistema de castigo que se puede esquivar de tal manera. Lo cierto es que los seres humanos somos seres realmente extraños y extraordinarios.

Solo una frase se me ocurre para cuestiones como esta: ¡Se inventan cada cosa!




¿Gustan? necesito hacer una transferencia de mis pecadillos. ¡vamos! no son muchos.





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