Posts

Showing posts with the label recuerdo

El Olvido

“¿Y qué es el olvido, si no ese sitio donde creemos arrojar palabras, objetos, pensamientos que no nos interesan, o que creemos ya no guardan nada para nosotros? Mentira, el olvido es solo el traje de luto del recuerdo.” — E.K.

Recall...

“De pronto, se quiere escribir versos 
 que arranquen trozos de piel 
 al que los lea. Se escribe así, rabiosamente, 
 destrozándose el alma contra el escritorio, 
 ardiendo de dolor,
 raspándose la cara contra los esdrújulos,
 asesinando teclas con el puño,
 metiéndose pajuelas de cristal entre las uñas. Uno se pone a odiar como una fiera, 
 entonces,
 y alguien pasa y le dice: 
 “vente a cenar, tigrillo, 
 la leche está caliente” — Eduardo Lizalde. El tigre en la casa. VI. Este poema me recuerda aquellos años grises y extraños en que caminaba entre las fangosas calles del centro, junto a Alfredo Carrillo (¿Dónde andarás amigo?). Tomando fotografía de lo primero que se le presentaba frente a sus ojos, que tuviera la vida y la poesía que buscábamos por entonces.  Recuerdo también aquellas caminatas en los días nublados a casa de Dolores. Por aquellas calles acosadas por altos árboles. El viaje inconcebible y terrible en que nos embarcamos aquella noche del churro viejísimo ...

Su recuerdo es el fantasma

Un sonido hueco, lejano, golpeando las orillas de lo que podía imaginarse.  Una voz, tal vez era una voz desconocida que él reconocía como suya y que jamás intento comprender. Vacío. Completamente vacío. Un ser que bien podría materializarse en sombra, más bien, evaporarse, antes que darse cuenta de que estaba allí, observando, consumiendo cada segundo… Cada segundo. Al encender el cerillo comprobó sus temores. La oscuridad es inmensa, el mar inevitable que algún día -¡Inevitable!- debe cruzar. Un grito se le ahogó en el pecho y dejó un eco apenas perceptible de sus sentimientos hacia Gaya. Era mejor llamarla así, darle su distancia, su libertad, aunque ella no la deseara. Pero el pasado es la oscuridad de todos los rostros que a diario vienen hacia él  y después se disipan ante sus ojos, o ante el tráfico denso de humo donde también él, se va diluyendo. Gota a gota su sangre por el laberinto. Escuchaba sus pasos inseguros, pasos de muerto encadenados a la vida...