El origen de un ser imaginario: Yahweh, la deidad de las proezas marchitas...
De acuerdo a la opinión académica moderna, ‘Yahweh’ representa el nombre personal del dios de Israel. En religiones antiguas, los dioses tenían nombres personales así como títulos: así en la Biblia hebrea el dios de Israel es llamado Yahweh y también ‘Dios’ (Elohim en Hebreo), o ‘Dios todopoderoso’ (El Shaddai). Yahweh es de hecho, una forma vocalizada de lo que es conocido como Tetragramaton, las cuatro letras consonantes YHWH por las cuales el nombre personal del dios de Israel está escrito en las escrituras hebreas.
Según Wikipedia: Yahvé (/ jɑːhweɪ / o frecuentemente jɑːweɪ / en Inglés; hebreo: יהוה) es el dios nacional de los antiguos reinos de Israel (Samaria) y Judá. Sus orígenes son misteriosos, a pesar de que se remontan a los primeros años de la edad de Hierro e incluso al final de la era de Bronce: su nombre puede haber comenzado como un epíteto de El, Deidad principal del panteón de la edad de Bronce Cananea, pero las primeras menciones plausibles se encuentran en los textos egipcios que lo colocan entre los nómadas del sur de Transjordania.
En la literatura bíblica más antigua, Yahvé es un típico y antiguo "guerrero divino" del medio oriente que dirige el ejército celestial en contra de los enemigos de Israel; más tarde se convirtió en el dios principal del Reino de Israel (Samaria) y de Judá, y con el tiempo la corte real y el templo promovió a Yahvé como el dios de todo el cosmos, que posee todas las cualidades positivas previamente atribuidos a los otros dioses y diosas. Para el final del exilio de Babilonia (siglo 6 AC) , incluso se negó la existencia de dioses ajenos, y Yahvé fue proclamado como el creador del cosmos y el verdadero dios de todo el mundo.
Incluso, hay datos de que esta deidad tiene un posible origen o lazos egipcios, lo cual no es de sorprender: "quizá la primer referencia posible es como un nombre de lugar ("tierra de Shasu de YHW") en una inscripción egipcia de la época de Amenhotep III (desde 1402 hasta 1363 antes de nuestra era), los Shasu eran nómadas de las regiones de Madián y de Edom. Knauf y otros proponen una etimología del norte de Arabia, que une el nombre a la raíz semítica hwy, que daba el significado de "sopla", nombre apropiado a una divinidad del clima y se ajusta a las indicaciones en el Tanakh de los orígenes de Yahwe en el sur.
Existe información que soporta de forma considerable -aunque no universal- la opinión de que las inscripciones egipcias hacen referencia a Yahvé. La pregunta que surge es ¿cómo hizo su camino hacia el norte? Una hipótesis ampliamente aceptada es que los comerciantes trajeron la deidad Yahvé a Israel a lo largo de las rutas de las caravanas entre Egipto y Canaán (esto se llama la hipótesis Quenita, debido a uno de los grupos que participó). La fuerza de la hipótesis Quenita es la forma en que esta vincula varios puntos de información, tales como la ausencia de Yahvé en Canaán, sus vínculos con Edom y Madián en los relatos bíblicos, y los lazos Quineos y madianitas de Moisés; pero al mismo tiempo es muy plausible que los quineos, madianitas y otros pueden haber introducido a Yahvé en Israel, ya que es muy poco probable que lo hicieran fuera de las fronteras de Israel o bajo la égida de Moisés, como está escrito en la historia del Éxodo.
El Hebreo era escrito originalmente en una escritura consonántica, las vocales eran suprimidas por el lector. Pero el nombre significado por YHWH gradualmente se volvió demasiado sagrado para ser pronunciado, con el resultado de que las vocales originales se olvidaran. En lugar de pronunciar el nombre donde este ocurría en las escrituras, los judíos sustituyeron Adonai (mi señor). Por esta razón, en las traducciones a otros idiomas de la Biblia se traducía YHWH como ‘el señor’. En otras traducciones empezó a usarse el nombre de ‘Jehová’, pero esta forma deriva de un uso medieval del cual no hay autoridad para su uso. Algunos estudiosos creen que una forma antigua del nombre fue ‘Yahu’, que pudo ser a su vez una primitiva invocación de culto: ya-hu, ‘Oh él’.
Siempre ha existido mucha especulación acerca del significado del nombre ‘Yahweh’. Esta especulación puede ser rastreada hasta muy atrás en la Biblia misma, por el autor del libro del Éxodo 3,14, que pudor haber escrito un pasaje alrededor del año 800 A.C. tratando de explicar el nombre. El pasaje es importante y amerita la cita. Ocurre en los dramáticos relatos de Moisés y el arbusto ardiente, el cual estaba destinado a explicar como Yahweh revela su primera preocupación por los Israelitas, quienes entonces eran rehenes de los Egipcios -situación que nunca ha logrado confirmarse de forma histórica.
El episodio empieza diciendo como la atención de Moisés es atraída un día cualquiera en el desierto de Horeb, por un arbusto ardiente. Al acercarse a investigar el suceso, Moisés escucha una voz que le dice: ‘Soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.’ Esa misteriosa presencia revela después su intención de liberar al pueblo de Israel de Egipto y llevarlos a asentarse en la tierra de Canaan, y que Moisés seria el elegido para llevar a cabo semejante proeza. A esto Moisés contesta: ‘Si yo voy a la gente de Israel y les digo: El Dios de sus padres me envía con ustedes, y si ellos me preguntan, ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé? la respuesta que se da es un intento (fallido) de explicar el significado de Yahweh, La extraña divinidad le responde a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a ustedes’. En esta curiosa declaración el escritor judío está intentando conectar el nombre ‘Yahweh con el verbo ‘ser’ (hayah). El día de hoy, estudiosos siguen debatiendo el significado; Recientemente un especialista sugirió que el nombre significa: ‘él que causa el ser (existir), o el que da el ser (la existencia)’. Otro pasaje en el libro del Éxodo (6, 2-3) revela que los judíos eran conscientes que Yahweh no habría sido adorado siempre por su ancestros: “y Dios dijo a Moisés, Yo soy Yahweh, y me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, mas por mi nombre, Yahweh, no me di a conocer a ellos. Este conocimiento de que Yahweh se convirtió en el dios de Israel en algún punto definitivo de su historia encuentra una descripción gráfica en el relato del pacto hecho entre este Yahweh e Israel en el monte Sinaí, como lo registra el libro del Éxodo. Este acontecimiento trascendental es descrito haber sucedido poco después de que Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto. Moisés llevó a lo israelitas al desierto del Sinaí, por la montaña sagrada de Yahweh. El misterioso dios, ante cuya presencia Moisés asciende, es representado prometiendo los términos del pacto con Israel: ‘Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra, y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa’.
La creencia en este antiguo pacto ha conferido al pueblo judío su carácter distintivo y su destino en la historia de la humanidad. Los registros de sus tratos con ese pueblo constituyen sus ‘sagradas escrituras’, de las cuales su cultura y sus ideas religiosas siempre se han nutrido. Pero es, de estas escrituras que estudiosos ahora han reconstruido un relato muy diferente del origen y desarrollo del culto de esta deidad llamada Yahweh.
El estudio del Hexateuco (los primeros seis libros de la Biblia) han mostrado que los escritores hebreos que crearon la tradición sobre Yahweh eran un poderoso grupo literario representativo de devotos de esta deidad, preocupados por promover el culto a la misma. Estaban obligados a hacerlo, ya que Yahweh no era la deidad de origen de muchas de las tribus que se reunieron para formar el pueblo de Israel.
En el Hexateuco, tres distintos periodos o ciclos de tradición acerca de Yahweh pueden discernirse. El primero puede designarse como la ‘etapa primitiva’. Inicia en Génesis 2,4 con la creación de Adán por parte de Yahweh, y termina diciendo como la unidad general de la humanidad es rota por la confusión de las lenguas, como castigo por la construcción de la torre de Babel (Génesis 11,1-9). En esta ‘Etapa Primitiva’ Yahweh es presentado en un estado universal como el creador de la raza humana. Los judíos no figuraban específicamente en la narrativa; pero se da un indicio acerca de su futuro asentamiento en la tierra de Canaan en el tonto episodio de la ofensa de Cam hacia su padre Noé, registrada en Génesis 9, 20-27. En lugar de maldecir a Cam, Noé maldice al hijo de Cam, Canaan, y decreta que será esclavo de sus hermanos, Sem y Jafet, De Sem, se nos dice, descienden los Hebreos, y los filisteos de Jafet. Así el escritor Yahvista prepara su camino para su narrativa posterior: Que los Hebreos y los Filisteos fueran a despojar a los Cananeos de Canaan, su tierra.
El siguiente ciclo o periodo de tradición Yahvista puede ser llamado acertadamente como la ‘saga patriarcal’; pues en ella se describe la historia de cuatro generaciones de patriarcas Hebreos que son presentados como ancestros de los israelitas. Estos son Abraham, Isaac, Jacob y los hijos de Jacob, siendo el más notable de estos José. Concluye con una serie de episodios concernientes con la suerte de José, usado por el escritor Yahvista para explicar como los descendientes de los patriarcas vinieron a asentarse en Egipto en vez de Canaan.
El tercer ciclo de esta tradición empieza en el primer capitulo del Éxodo. Un largo periodo ha pasado desde que los primeros hijos de Jacob se asentaron por primera vez en Egipto, y su florecimiento los llevo a ser una nación populosa. Era tal su número que alarmó a los egipcios que los esclavizaron. Fue para liberar a los israelitas de esta opresión que Yahweh se le apareció a Moisés en la fantasiosa historia del arbusto ardiente. Y lo comisiona para ser él quien hable ante Faraón por su gente. El colorido relato de las diez plagas que precede al éxodo de Egipto, el maravilloso cruce a través del Mar Rojo revelaban el poder de Yahweh y como cuidaba a su pueblo elegido. Este ciclo de la tradición concluye con la conquista de Canaan por parte de Israel, cumpliéndose así la vieja promesa de Yahweh a Abraham.
La narrativa Yahvista es así una impresionante demostración de como El dios Yahweh guió momentos cruciales en la historia de este pueblo desde la caída de Adán hasta el establecimiento de Israel en la tierra de Canaan.
Pero, impresionante como lo es aún para muchas personas el día de hoy, esta ‘historia sagrada’ de un pueblo no es más que esencialmente una obra propagandística. Fue diseñada para mostrar dos cosas: Que las diferentes tribus israelitas en Canaan tenían ancestros comunes, y que la deidad Yahweh, era su dios ancestral. La investigación moderna ha revelado que esta versión del pasado de Israel fue compuesta porque la situación real había sido muy distinta.
Después del estudio de dichas historias que hablan del éxodo y la conquista de Canaan, estudiosos llegaron a cierta conclusión de los eventos históricos que estaban detrás de tales relatos. Al parecer, algunas tribus semitas, posiblemente las tribus conocidas como de José, escaparon de la región de Egipto bajo el liderazgo de alguien conocido como Moisés. estas tribus creían que le debían su liberación a un dios de la guerra del desierto, a quien conocían como Yahweh. Esta deidad que al parecer estaba asociada con el fuego y la tormenta, fue posiblemente adorada por los Ceneos, un pueblo nómada que vivía en las tierras desérticas de Madián. Las tribus, lideradas por Moisés, se unieron a otras tribus semitas con el propósito de invadir y asentarse en Canaan. Esta unión fue puesta bajo el patronato de Yahweh, cuyo prestigio como un poderoso dios de la guerra era muy alto. La presencia de Yahweh entre las tribus marchantes se localizaba en un arca portátil de madera’ Esta arca era protegida por un tabernáculo o tienda, que pasaba a ser el centro de adoración cuando las tribus acampaban.
Después de que las tribus se asentaron en las tierras de Canaan, el culto a Yahweh se volvió algo más que inestable. Aunque muchas de estas tribus aceptaron a Yahweh como su deidad rectora, seguían siendo fieles a los dioses ancestrales o terminaban haciéndose adeptos a deidades canaanitas. La atracción hacia este tipo de deidades se debía a que eran deidades de fertilidad, y su adoración era necesaria pues estas antiguas tribus nómadas se estaban volviendo sedentarias debido a las nuevas prácticas de la agricultura. el libro de los jueces registra los sucesos de esta parte de la historia de los Hebreos: Israel siendo subyugado por sus enemigos cuando estos rompían el pacto con Yahweh, siendo restablecida la alianza cuando las victorias volvían.
Sin embargo, el persistente esfuerzo de los Yahvistas gradualmente rindió frutos, y bajo el reinado de Saul y David, los primeros reyes israelitas, el culto a Yahweh se estableció como la religión establecida. Después de la captura de Jerusalén por parte de David de manos de los Jebuseos (1000 a.c.) El arca fue llevada ahí y se le colocó en el templo que Salomon, el hijo de David construyó para Yahweh en el Monte Moriah. El lugar resulta ser el mismo donde Abraham intento sacrificar a su hijo Isaac a esta deidad, comenzando así la asociación de Yahweh con ese sitio histórico, al cual aún acuden los judios a adorar, conocido como el muro de los lamentos.
El concepto de Yahweh se sometió a muchos cambios en el transcurso de los siglos. En origen y en naturaleza, el Yahvismo fue una religión étnica. Esta esencialmente, era concerniente entre la relación de Yahweh con su pueblo elegido, Israel. Este pueblo miraba al futuro sin la creencia en una vida después de la muerte, pues Yahweh decretó el destino de la humanidad cuando sentenció a Adán por su pecado original: ‘Polvo eres, y en polvo te convertirás’ (Génesis 3,19). Lo más que se le prometía al individuo era que Yahweh le recompensaría su piadoso servicio con una larga vida, prosperidad económica e hijos que la heredaran. Pero con respecto a la muerte, el mismo destino le esperaba a todas las personas, buenas o malas. Lo que sobrevivía a la desintegración física descendía al Sheol, que era concebido como un hoyo inmenso, muy por debajo de los cimientos de la tierra, un sitio envuelto en polvo y penumbra.
Esta visión del destino humano se volvió cada vez más intolerable, mientras los profetas enfatizaban que Yahweh no solo era omnipotente, si no también un dios justo, que requería solo la entrega de su pueblo. Pues la experiencia mostraba muy a menudo, que los justos eran quienes sufrían en este mundo, mientras los injustos prosperaban. Consecuentemente, como no habia esperanza de recompensa después de la muerte, la justicia de Yahweh era cuestionada. el libro de Job ilustra esa tensión que crecía entre los fieles israelitas.
Cuando el libro de Job fue escrito, los problemas de los inocentes sufriendo no podían resolverse puesto que no había compensación después de la muerte. Pero para mediados del siglo II A.C. la creencia en la resurrección y el juicio de los muertos se estableció en Israel. Aunque, este desarrollo hizo del Yahvismo una fe personal más satisfactoria. El carácter étnico antiguo de la religión se mantuvo. De hecho, se hizo mas vehemente su presencia debido a la situación cada vez más agravante de los destinos sociales y políticos de Israel.
El principio básico del Yahvismo, era que Yahweh había asentado a Israel en Canaan, y había consentido habitar en el templo construido para él en Jerusalén. Pero Israel era una nación pequeña, y pronto se volvió presa fácil de los poderes políticos del cercano oriente. El templo de Salomón fue destruido en el año 586 por las fuerzas babilonias del rey Nabucodonozor, y la mayor parte de la gente enviada a babilonia en cautiverio. A su regreso de este exilio en el año 538, el templo fue reconstruido en una escala más modesta. Pero la tierra sagrada de Yahweh seguía controlada, excepto por un breve periodo, por poderes extranjeros o incontenibles gobernantes nativos hasta la incorporación romana en año VI A.C. Uno de estos gobernantes, Herodes el grande (37-7 A.C.) Un Idumeo por raza pero judío por profesión, a quién los judíos odiaban con exceso, reconstruyó el templo en una escala magnifica, pero falló en apaciguar a los judíos. La subyugación de Israel contradice su propio ideal como una teocracia. Esta contradicción llevó a una creencia ferviente de que Yahweh debía al final intervenir, o enviar a un Mesías para derrocar a los enemigos de Israel y restaurar su soberanía sobre la tierra sagrada.
Esta creencia eventualmente probó ser fatal para Israel. El yugo de la Roma Pagana se incrementó hasta ser intolerable, y en el año 66 D.C. el pueblo se rebeló. Confiaron que Yahweh se interpondría con algún milagro para salvarlos. Pero después de una amarga lucha, en el año 70 D.C. los Romanos capturaron Jerusalén y quemaron el templo. La vida nacional de Israel en la tierra prometida de Yahweh terminó en un horrible desastre, al menos hasta su restauración (por imposicion de las potencias capitalistas occidentales, en la historia que todos conocemos) en 1948. Años después, la calma no llega a Israel. Siendo la región más odiada por todos los vecinos musulmanes que la rodean y le hacen la vida imposible.
La infancia de Israel, así como la de un niño que al fin madura, terminó. Y trajo con ella, la desaparición de su protector imaginario. Yahweh.
Al final de cuentas, esta es otra triste historia que podríamos llamar:
¡Yahweh! otra deidad más que nos abandonó.
Al final de cuentas, esta es otra triste historia que podríamos llamar:
¡Yahweh! otra deidad más que nos abandonó.
Fuentes: W. F. Albright Yahweh and the gods of Canaan. S?G?F Brandon, Jesus and the Zealots. M. North, History of Israel. H. H. Rowley, From Joseph to Joshua (Oxford Univ. 1950) And worship in ancient Israel.
(la traducción es mía).
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