Mis muertos
Real bocanada de cigarro efímera, real imagen monstruosa en un espejo de circo, reales,
¿no lo son todos los muertos, presentes y olvidados?...
Carlos Fuentes, Chac Mool.
No te platiqué nunca de mis muertos.
De esa costumbre de acariciar mi cabello
para curarse el insomnio.
Por las noches incendian promesas incumplidas
con sus largos dedos de fósforo,
y cuentan leyendas -alrededor del fuego-
acaecidas en su país de silencio.
Su tediosa costumbre de navegar
el óxido de los rieles,
despidiendo trenes y aeroplanos
tras las nubes de polvo.
Una vez vi un hombre partido por el tren
compartiendo lo absurdo que son los intestinos
entre esas pequeñas rocas negras entre los durmientes.
Otra vez vi a una niña, caída, entre neumáticos y risas,
pequeña en su inútil muerte,
desusada muñeca de cartón inamovible,
callada, con esos labios que no van a besarse,
con sus manos que no desposó nadie.
Helada como una prematura noche de diciembre.
¿Quién reparte la muerte?
mis muertos no eran aquellos, mis muertos eran otros,
siempre otros, tan quietos, tan lejanos,
tan cansadamente muertos.
Hasta que una boca enorme, no sé qué o quién,
grito en mi rostro, desde la oscuridad impenetrable,
el nombre de mi madre y de mi hermana.
La muerte es un zumbido de moscas,
un llanto ahogado en el silencio,
un efímero festín de insectos y gusanos.
¿Quién trata de evadir predestinada suerte?
Háblame de tu vida
¡Que se pudra la muerte!
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