Cosas extrañas que cree la gente: El número Trece.





La mala suerte del número trece es muy conocida en el mundo, y es una de las supersticiones más comunes y persistentes que la gente verdadera y abiertamente (y estúpidamente añadiría) tiene.

Se llega a tal ridículo extremo que, la gente que maneja Hoteles se las arregla para que no exista el piso número trece, y algunos constructores y hasta autoridades encargadas de construcción no otorgan el número 13 a alguna casa o construcción, pues si lo hacen, será difícil lograr su venta o deshacerse de ella.

Gustav Jahoda, en su libro La Psicología de la Superstición, registra que en 1965, en una visita de la reina a Alemania occidental, el número de la plataforma en la estación de trenes de Duisburg de la que su tren debía partir, fuese cambiada de 13 a 12 A.

Un buen número de gente no le agradan las fiestas y ser el invitado número trece, pues se piensa que es de mala suerte que tal número de personas se siente a la mesa. Algunos de ellos, creen que la primer persona que se levante de la mesa, o ya sea el último (en una mesa donde hay trece) morirá o sufrirá alguna especie de desgracia antes de que transcurra un año.

Tal creencia se tiene en muchos lugares del mundo, En Oxfordshire, Inglaterra, se cree que es de mal agüero que haya trece personas en una habitación, especialmente para aquella que está más cercana de la puerta, y en Londres, que si el número del autobús suma 13 trae mala suerte.
El treceavo día del mes es visto como el día poco propicio para empezar un nuevo asunto o negocio (aunque, al parecer, para los supersticiosos no tiene nada de malo nacer un día trece), y aún personas que 'supuestamente' no creen en tales supersticiones, dan muestras de inquietud cuando el día 13 cae en viernes o martes (Martes en España y Latinoamérica y Viernes en Francia y Países Anglosajones), que es un día de mala suerte en sí mismo, por otra superstición aparte de la del trece.

                                      La última cena. Juan de Juanes, 1562 Óleo sobre tabla.


Las razones por estas inquietudes sobre el 13 son oscuras e inexplicables. Aunque quizá hayan sido reforzadas en occidente por las ideas impuestas por esos seres supersticiosos, lunáticos y extraños que son los religiosos, en este caso, esa fuente de supersticiones baratas que son los cristianos. ¿Por qué? El hecho (para ellos) de que en la última cena la primer persona que se levantó de la mesa fue Judas, que salió para traicionar al Cristo.
A decir verdad, la inquietud por el número es más antigua que el Cristianismo, pues ya los romanos asociaban el número trece con la muerte y la desgracia. La raíz de tal creencia tal vez se deba que 13 es uno más de 12, que es un número de completud -el año consiste de doce meses, el día de doce horas (hablaré del doce en otro escrito posterior), así que el trece, en este caso, tiene la connotación de excederse de, o ir más allá los límites, del ciclo natural, o de empezar un nuevo e incierto camino.

En la temprana numerología cristiana, el 13 era categorizado como un número de pecado, porque va más allá de los doce apóstoles, aunque puede ser igualmente un número sagrado que añade fe en la Trinidad hacia los diez mandamientos. En la tradición mágica europea, el 13 es el número de la necromancia, de traer a los muertos de vuelta a través de vida temporal, lo cual, como puede verse, le da la connotación de transgredir el orden y los limites naturales.

Uno de los textos greco-egipcios de los primeros siglos de nuestra era, provee un método de animar un cuerpo, el cual puede ser forzado a obsesionar a una mujer hasta que esta se someta al mago.
Esto requiere una muñeca que represente a la mujer, perforándola con 13 agujas y poniéndola sobre la tumba de alguien que haya muerto joven o de forma violenta, para conjurar después al cuerpo por encantamiento a levantarse de la tumba y acechar las calles hasta la casa de la mujer, para que se aproveche de ella hasta que ella haga la voluntad del mago.
La Carta del Tarot con el número 13 es La Muerte, un esqueleto que ara un campo lleno de cabezas humanas con una guadaña mientras manos y pies crecen en su lugar, lo que es un símbolo de muerte y vida nueva.


Agreguen a todas estas supersticiones sobre el número su asociación con que es el tradicional número de las brujas en un Aquelarre, siendo el número 13 el mismo Diablo o el líder local, y encontraremos el porqué estas ideas contribuyeron en las mentes supersticiosas, a ver al 13 como un número con reputación maligna.


                                     John Faed, Tam O'Shanter and the Witches, 1872.
 
Margaret Murray en El culto de la brujería en Europa Occidental y en El dios de la brujas, sostiene que las brujas de hecho estaban organizadas en grupos de 13, cada grupo con un lider y 12 seguidores. Las brujas modernas ven como apropiado que sea 13 el número de un aquelarre, aunque en verdad muchos aquelarres reales tienen un número más pequeño. La famosa Bruja Isabel Gowdie, dijo que había 13 en cada aquelarre, y en 1673, una mujer llamada Anne Armstrong de Northumberland, dijo que cada 'grupo' de brujas era de 13, y que cada 'grupo' de 13 tenía un Diablo, quien bailaba con aquellas que irradiaban más 'maldad'.
Pero en realidad, la evidencia de todo esto es, como en la mayoría de los casos acerca de supersticiones y creencias populares, enteramente nula, y el número trece solo es un dato para darle 'veracidad' a todas esas tonterías.

Nos resultan conocidas frases como "en martes 13 ni te cases ni te embarques".

En muchos países, cuyos adelantos científicos y tecnológicos deben a estas alturas alejarlos de tales supercherías, encontramos edificios modernos que se 'saltan' el número trece.



Hay incontables referencias al número 13. El 13 para los egipcios era un numero trascendental, la vida tenía trece etapas, la treceava era "la vida eterna" o la muerte.

Para muchas personas es un número que implica suerte.

Al fin de cuentas, las personas 'creen' encontrar en objetos, números, nombres o infinidad de cosas, las respuestas a cuestiones que no entienden.

El ser humano, ante situaciones que no comprende, tiende a actuar como el gato ante la estufa:

Un día brincará sobre ella cuando está caliente, y aprenderá de ello, quizá no lo vuelva a hacer jamás. Pero evitará las estufas frías también. Obtendrá un mal aprendizaje de ello.

El ser humano -se supone- es más inteligente. ¿Será?





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