Reflexiones Bíblicas...

Las últimas palabras del antiguo testamento Judío son una amenaza:
He aquí yo os envío a Elías el profeta,
antes que venga el día de Jehová grande y terrible.
El convertirá el corazón de los padres a los hijos,
y el corazón de los hijos a los padres: no sea que yo venga,
y con destrucción hiera la tierra.
                                                                 Malaquías 4: 5-6


Tal vez, también es una frase que parece separar el antiguo testamento de los escritos que agregaron los cristianos años después, siendo concretos en el célebre concilio de Nicea.


Pero todos sabemos que no solo el antiguo testamento tiene sus amenazas y violencia, pues el nuevo testamento termina aún peor, con los vaticinios catastróficos del delirante Juan de Patmos y sus visiones que hacen parecer las de John Lennon en Lucy in the sky with diamonds como el parque de diversiones de los teletubbies. 





Esta es la imagen perenne del Dios guerrero y combativo que caracteriza al Yahvé del Antiguo Testamento. El Dios colérico que expulsó a Adan y Eva del paraíso, el que tuvo intención de arrasar todo ser viviente en el gran diluvio. A mi me parece la fiel representación de un viejo pastor de cabras enojado porque 'los animales se le salen del redil'.
Es Yahvé el terrible, el rabioso destructor de Sodoma y Gomorra, el mismo que combatió junto a Josué el día del sol fijo. Siempre ambivalente y cruel, esta deidad judía es un Zeus colérico y vanidoso que asesina sin piedad porque no le gusta como huele el incienso que torpemente mezclan los sobrinos de Moisés, que incita al asesinato a Caín provocando celos en él al rechazar por capricho la ofrenda que este le ofrece de los frutos que da la tierra, enalteciendo - como buen carnicero que es- la ofrenda de Abel, quién le hizo llegar hasta los cielos el olor de carne quemada y grasa animal. Voluble y temperamental, ahíto de sí mismo dice :
¿Qué es para mí la abundancia de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de ganado cebado; y la sangre de novillos, corderos y machos cabríos no me complace.
Vengativo y criminal, recorre las páginas de la literatura Hebrea con una espada en la mano izquierda y un mazo de plagas en la derecha.
No usa un rayo para fulminar a sus enemigos, utiliza reglas y palabrerías que inventa para que sus pobres y tristes creaturas se vean tentadas a romperlas. Entonces castiga con tormentos que provee a sus adoradores en bizarros sueños y pesadillas. ¿Por que, de dónde sino de pesadillas podían venir semejantes ideas a aquellos salvajes e ignorantes pastores de la edad de bronce?
Uno de los (posibles) significados de su nombre lleva implícita su naturaleza egocéntrica y megalomaníaca:
“Yo existiré por mí mismo” o “Yo soy el que existe por sí mismo”
Y a lo largo de su relatada historia, principalmente en el pentateuco, se encarga de hacerlo patente. En el Génesis, en solamente 6 capítulos se encarga de castigar a sus primeras creaturas y expulsarlas de su jardín recién creado, pone en claro quien de los dos sexos mandará de ahí en adelante, siembra de una manera cruel y bastante estúpida celos entre hermanos, lo que nos lleva al primer homicidio de su historia; para el capitulo 6 está harto de ver correr y pelear a sus criaturas por toda la casa y aburrido y fastidiado como cualquier macho se pone una mano en el rostro y se arrepiente de haber creado semejante martirio:
...se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. (Génesis 6:6.)
Pues sí, al parecer semejante ente posee -según estos salvajes cuidadores de cabras- un corazón.
Después de arrepentirse de su creación, se le ocurre una idea genial: Luego de haberle tomado seis cósmicos días - dirían los creacionistas- para dar forma a todo un mundillo lleno de creaturas salvajes y renegadas, piensa hacer ‘borrón y cuenta nueva’. Decide pues, ahogar a todo y a todos en un despliegue majestuoso de paternidad arrepentida; pero no a todo ni a todos, vio de entre todos aquellos seres que le molestaban sobremanera a uno solo, un pequeñín llamado Noé, por el que valía la pena conservar ese salvaje parque de diversiones ¿Idea Brillante tratar de borrar vestigio de la primera creación corrupta dejando la misma semilla para la nueva cosecha, no creen? al final como todo anciano gruñón, se da cuenta que exageró y se dice a sí mismo:
No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre (Recordemos estas palabras pues ya veremos que este personaje judío es uno de los primeros casos registrados de Alzheimer del que se tenga cuenta en la historia.); porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho. (Génesis 8:21).
¿No es eso tierno? se da por vencido al ver que no tiene caso tanto despliegue de proezas de su parte, si las creaturas al fin no entenderán nunca; así como un niño sabe que aunque llene de agua el hormiguero y lo intente destruir cada vez que pasa por el parque, las hormigas no dejarán de ‘hacer’ lo que hacen; igual termina aburriéndose y se va a torturar a alguien más o a hacer cosas más importantes en su soberana magnanimidad.
Lo positivo es que a partir de aquí nos da permiso para comer carne, pues quizá ya había previsto que el hombre es un animal de parrilladas como él. También a partir de entonces deja que sus consentidos como en este caso lo es Noé, hagan y deshagan en su nombre.
Ya no es el temible Jehová el único capaz de maldecir, por algo dicen que los hijos imitan a sus padres. De tal palo tal astilla:

20 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña;
21 y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.
22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera.
23 Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.
24 Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven,
25 y dijo:
   Maldito sea Canaán;
   Siervo de siervos será a sus hermanos.
Nunca he sentido tanta repugnancia por personajes ficticios como la que me inspiran los personajes bíblicos. Son desagradables y ni remotamente son roles a seguir para nadie.
Este virtuoso tipo llamado Noé, escogido entre miles para preservar la raza humana, en pocas palabras, después de un afanoso día labrando la tierra se embriaga, se desnuda y sabrá Dios (frase ad hoc) que más habrá hecho, quizá bailó y dio rienda suelta a su naturaleza. Muchos padres machistas aquí en México se sentirían identificados con semejante ejemplo de hombre.
Pero por la mañana, cuando viene la resaca o cruda, recobra el sentido y aquí viene a colación la canción aquella de Ay diosito si borracho te ofendí… Y por si fuera poco, desquita los malestares de la cruda maldiciendo al hijo de su hijo: Canaán, que ni vela tiene en el entierro, por haberlo visto desnudo, proclamándolo siervo de sus hermanos. El pobre Canaán tuvo que esperar novecientos cincuenta años para que este portento de Padre/Abuelo muriera. Como detalle extra, y para saber que esta Deidad llamada Jehová no perdona antiguos rencores, en el siguiente capitulo nos narra una breve historia de la descendencia de Noé, en donde hay un pequeño detalle que si no ponemos atención podemos pasar por alto, y es que una de las tierras por donde supuestamente se esparcieron los descendientes de Canaán, el maldecido por culpa de su padre, fue precisamente Sodoma y Gomorra, ¿Curioso no creen? Ese rencorcillo contra la descendencia de este pobre Canaán (cuyo único error fue ser padre del hombre que vio borracho y desnudo al descuidado de su abuelo) va a surgir páginas más adelante.
¿Hace falta recordar las grandes lecciones de Moral que de ahí en adelante nos dan el resto de sus elegidos? ¿Por quién empezamos?
¿Abraham, el patriarca de naciones? ¿Sobre quien este Diocesillo fundó el destino del pueblo elegido y con él, el del resto de los pueblos? ¿Este pequeño y cobarde ser que por tener a su lado a una mujer hermosa, tuvo miedo de que un simple Faraón Egipcio ordenara matarle para robársela y que por lo tanto miente diciendo que era su hermana? Este Faraón, un rey pagano de quien se esperaba lo peor, al final es quién le da una lección de moral y demuestra ser un espíritu mucho más grande que este cobarde que se dice protegido por el Dios más grande que hayamos tenido? ¿Si su Dios estaba con él, por qué tenía miedo de un simple rey mortal?
¿Es ese mismo miedo sospechoso que tienen los líderes religiosos como el Papa el día de hoy, paseándose en el auto blindado de nombre chistoso, el primer y más grande de los idólatras dispuesto a sacrificar la vida de su único hijo, a las voces que escuchaba en su cabeza? Este sujeto estaría el día de hoy en una institución mental o en la cárcel de haber logrado su cometido.
¿Moisés? ¿Cómo sabemos que no fue este misógino, la mente delirante sobre la cual se levantan los cimientos de esta religión de incultos pastores, que veían más valor en el ganado que en sus mujeres? ¿De dónde si no de una mente perturbada brotaría todo lo contenido en libros como Éxodo y Levítico?
¿Josué, el guerrero asesino de mujeres ancianos y niños, principal actor de la masacre contra los Amalecitas? El mismo que solo protegió a una prostituta traidora y soplona...
No hace falta seguir con semejantes ejemplos. Se suceden uno tras otro.
En Job sus palabras son las de un patriarca bastante arrogante:
Yo te preguntaré, y tú me contestarás.
¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?
Házmelo saber, si tienes inteligencia.
¿Invalidarás tú también mi juicio?
¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?
¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?
Todo lo que hay debajo del cielo es mío.
No hay sobre la tierra quien se le parezca;
Menosprecia toda cosa alta;
Es rey sobre todos los soberbios.
En 2 de Reyes, cumple venganzas caprichosas de sus personajes favoritos entre la chusma humana que él mismo -supuestamente- creó, los temibles profetas, como en esta anécdota del calvo Eliseo:
y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: !!Calvo, sube! !!calvo, sube!
24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos.
25 De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió a Samaria.
¡Vaya! El calvo Eliseo debe haberse alejado de aquella masacre riéndose, pues al parecer siguió andando y a lo que sigue, sin perder tiempo. ¿Que importaba al final de cuentas la vida de cuarenta y dos jóvenes imberbes y groseros?
Después, aburrido de tanto portento y poder de su parte, se dedica a lo largo de muchos años a ser un simple observador de la decadencia humana. Se resigna al parecer a amenazar al mundo por medio de sus marionetas favoritas por entonces: Los Profetas.
Hastiado de nosotros, nos abandona como el resto de los dioses de la historia humana. Hace esto al parecer a tal grado que, en ese abandono, culmina incluyendo a su propio hijo, dejándolo a manos de creaturas tan salvajes, viciosas y crueles como somos nosotros, para que le torturen a su antojo. 
¿Habrá presenciado semejante espectáculo comiendo sus bocadillos predilectos? ¿Algún animal asado cuya grasa le ha perjudicado su de por si retorcido juicio? ¡Qué va! todo esto es tan cierto como el hecho de que Zeus haya muerto electrocutado o Thor de una gangrena por haberse martillado un dedo.
Es aburrido continuar por las páginas de un libro como este. Lleno de salvajismo, instrucciones precisas para matar animales, diezmar pueblos incitando a proveerse de mujeres.
Un libro patético con muy pocos momentos brillantes de literatura, cuya segunda parte es el recuento del primer relato zombie de la historia y demasiado mojigato para ser la continuidad de este. Y aún así hay quienes lo abandonan para adentrarse en otro similar solo para encontrar un hombre y su caballo volando hacia el cielo.
Lo terrible es darle a estos simples relatos la categoría de verdades y prodigios.
Es mejor terminar con dos frases, la primera cuyo autor/a no recuerdo por el momento, resume en brillantes palabras el divino asunto, la segunda, es tan cierta y cruda que la encuentro insuperable:
“¡Dejemos que la Biblia sea la Biblia! No es un libro de ciencia. Es un libro de fábulas y mitos, no es historia rigurosa. Es un barril de feria lleno de fantasías religiosas…”                                                                                            (autor que no recuerdo)
"toda la faz religiosa del mundo moderno se debe a la ausencia, en jerusalén, de un asilo de lunáticos."                                                                                             Havelock Ellis.







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