Cosas extrañas que cree la gente: El judío Errante.


(Caricatura de Le juif Errant Gustav Doré)
Se le conocía como Ahasuerus, indispuesto a morir, ha sido una figura reconocida en las leyendas europeas desde 1602, cuando fue introducido al publico en un panfleto alemán. Se declaraba en él que Paulus von Eizen, el fallecido obispo luterano de Schleswig, había conocido una vez en Hamburgo a un judío y se enteró que tenía más de 15 siglos de edad. Este hombre había sido -supuestamente- un zapatero en Jerusalén en los tiempos de Cristo, y fue uno de los que en la muchedumbre que observaba cuando este era conducido al calvario gritó: ¡crucifíquenle! Cuando Jesús trató de descansar a la puerta de su casa, el judío lo empujó diciéndole: Ve a dónde perteneces. Entonces Jesús -ese ser todo amor- lo vio a los ojos y le dijo: “Me sentaré aquí y descansaré, pero tú andarás hasta que yo regrese”.  Y desde entonces, nos dice el Obispo von Eizen “Ahasuerus anda vagando de país en país esperando la segunda venida”. 
El panfleto de 1602 apareció de manera anónima. Incluso el lugar en el que se imprimió, Leiden, es dudoso. Una edición posterior da como autor a Crisóstomo Dudaleo de Westfalia, autor desconocido por cierto. Cualesquiera sea su origen, la leyenda se hizo popular al momento en parte, quizá, debido a profecías antisemíticas sobre la llegada del anticristo respaldadas por judíos, y en parte también al descubrimiento de un testigo ocular -sí, ocular, así de rídiculo como se escucha- que confirmó la inventiva cristiana. 
Además de muchas ediciones alemanas del panfleto, pronto hubo ocho en Holandés y flamenco, y otras en Francés, Danés y Sueco, así como una parodia inglesa. 
La historia creció mientras se esparcía. 
El término para Ahasuerus varía. En países de lenguas germánicas se le conoce como el ‘inmortal’ o ‘el judío eterno’. El epíteto ‘errante’ tiene su fuente en la versión francesa, que lo convirtió en ‘el judío errante’, un término más poético que influyó en la versión inglesa. Con otras nacionalidades adquirió otros nombres, en España se convirtió en Juan espera-en Dios. En Bélgica, Isaac Laquedem. Algunas versiones enfatizaron la maldición del errar, algunas lo volvieron simbólico de su raza. El relato francés lo retrata como un rebelde contra su destino, constantemente en búsqueda de la muerte, pero en vano.
Se le ha reconocido al parecer 20 veces a lo largo de la historia. Además de su aparición en Hamburgo en 1542 o 1547, se ha dicho que se le ha visto en España en 1575, Viena en 1599, Ypres en 1623, Bruselas en 1640 y París en 1644; y en algunos otros lugares, mayormente en Europa central en diferentes fechas en el siglo 17. Imagino que son los únicos lugares donde podría reconocérsele, pues por entonces el mundo era ese: la Europa cristiana de la edad media. No hubiera tenido ningún sentido que este sujeto apareciera en África o en Asia. Donde el contar su historia hubiera causado cuando mucho, algunos levantamientos de cejas.
Algunos reportes se debieron a impostores que se hacían pasar por él. (¿algunos?). Apariciones posteriores son raras, aunque se incluye una en Newcastle en 1790, y una en Salt Lake City en 1868 cuando el errante conoció a un mormón llamado O’Grady - un evento debidamente reportado en el Desert News, como el gran acontecimiento que me imagino fue.
Mientras Ahasuerus no puede ser documentado antes de 1602, este tiene -según los cristianos- antecedentes posteriores. La noción de hecho va hasta un dicho de Jesús, muy canónico expresado en el evangelio: En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino. (Mateo 16,28). Obviamente, el verdadero significado de esta frase, era que la segunda venida ocurriría pronto, como lo han creído los ingenuos cristianos a lo largo de casi 2000 años, haciendo de esta, una de las situaciones más embarazozas acerca del Mesías. La única posible explicación para su retraso, es que se le debe haber pinchado algún neumático al auto celestial en los confines del cielo, solamente así podría enterderse su retraso.
Para los primeros cristianos, mientras los años pasaban y el Mesías no regresaba, empezaron las especulaciones de que alguien seria mantenido vivo por favor divino hasta que esto sucediera. Sus esperanzas se centraron al principio en Juan, el amado discípulo, a quién Jesús ya le había guiñado el ojo: Si quiero que él (se) quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? (Juan, 21:22). lo cierto es que (¡oh patética realidad una vez mas!) Juan murió llevándose el rumor con él. Pero los cristianos son tesoneros, y en un periodo de tiempo desconocido, la historia revivió en la edad media con personajes nuevos (como refrito telenovelero de Televisa). El historiador Roger de Wendover dijo que en 1228 un arzobispo Armenio visitó Inglaterra, y le dijo a los monjes de St Albans que había visto un hombre llamado Cartaphilus que había sido testigo de la crucifixión. Cuando Jesús pasó frente a él, cargando la cruz, el gritó: ‘más rápido’ y este respondió, Yo iré, pero tu esperarás hasta que venga’. Este hombre, portero en la casa de Poncio Pilatos -Romano y no Judío entonces- fue bautizado por Ananias y se le dio el nombre cristiano de José; 12 siglos después estaba viviendo una vida tranquila, penitente y cómoda en comunidades religiosas. Se dice que envejecía hasta aparentar la edad de cien años, para después, mágicamente, ser restaurado a sus mozos treintas. Historias como esta se repitieron en muchas partes del mundo cristiano hasta el cansancio. Pero una vez más, esta historia no es enteramente creación cristiana, pues como siempre, toman elementos de otras creencias y los funden con las propias, pues hay una leyenda Budista con el mismo motivo: 
Pindola, un indigno seguidor de Buda, fue condenado a no poder morir.
Aunque ciertamente no hay al parecer influencias que puedan ser rastreadas para esta historia, el inventor de esta debió estar familiarizado con esos relatos en los evangelios, Pues se repite en cada una de ellas, el hecho del insulto al Cristo. También toma la idea y la refuerza con la maldición. El nombre de Ahasuerus sugiere ser conocido con algunas puestas teatrales judías realizadas en las fiestas de Purim. Estas estaban basadas en el libro de Esther, que mostraba al Rey Ahasuerus como un villano y un hazmerreír.
Lo único hazmerreír en toda esta situación -adicionado con cierta tristeza-, es al final de cuentas la insistencia de la gente en creer estas historias tan absurdas como inverosímiles en nuestros días, en los que la ciencia nos ha dado enormes respuestas acerca de la vida humana, sus capacidades y sus limites. De ser cierta una historia así, espero y la recompensa para el pobre sujeto sea tan buena como para compensarle dos milenios en gasto de calzado para poder vagar por la tierra. 
¡Ándele pues! 


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