Reflexión del odio
¿Cómo hablar del odio? Cuando este inunda como un licor violento nuestro pecho y cada uno de nuestros miembros. ¿Habrá sensación imaginaria más tortuosa que ese nefasto sentimiento? Alguien me responderá sin duda, que el dolor o el amor son sentimientos igual de intensos. El dolor, el dolor nunca engaña, siempre duele, es cierto. Pero después de que golpea, hiere lastima, muerde, araña, mutila, arranca y casi mata, hay en él, lapsos de reposo. Y el amor, ese sentimiento tan contradictorio, que en ocasiones nos levanta, engrandece, enorgullece, dignifica y de gloria y de triunfos nos reviste, tambien es cierto que nos arrastra, envilece, empequeñece, deshonra y de crímenes y derrotas nos corona. Es intenso pero nos abandona y luego nos oprime. Pero el odio jamás nos decepciona. El odio repta por la razón, por el alma, por las emociones como una serpiente. Nunca nos abandona. En el sueño y la vigilia, nos muerde, nos sacude, nos mata y nos revive; nos acos...